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jueves, 15 de marzo de 2018

Antígona


“En un momento dado, todos somos Antígona” (Marjo).

Conocemos más al personaje por la obra de Sófocles que por la historia que nos ha llegado desde la antigua Grecia. Sólo que este personaje, no se extinguió con su muerte, pues sigue reviviendo en nuestro planeta desde el principio de los tiempos, allí donde una gran lucha o una pequeña guerra privada, hace que se desaten las pasiones y donde un individuo de la familia o del pueblo tiene que elegir entre su corazón que entra en competencia con las leyes -absurdas, por demás- decantándose casi siempre por el corazón.

Existen diversas versiones de este mito y en todas ellas se describe a Antígona como una mujer valiente con una moral muy recta, dentro de una familia marcada por la tragedia.

Antígona hija de Edipo, rey de Tebas, y de su mujer y madre Yocasta, así como sus hermanos Ismene, Eteocles y Polinices.

Cuando Edipo se dio cuenta de que había matado a su padre accidentalmente y se había casado con su madre, se sacó los ojos. Fue expulsado de Tebas, mientras que Yocasta se suicidó. El tío de Edipo, Creón, pasó a ejercer el gobierno en Tebas, poco después sus sobrinos, Eteocles y Polinices, se hicieron con el poder.

Mientras, Antígona acompañaba a Edipo en su destierro por Grecia como un penitente ciego. El rey Teseo de Atenas le concedió asilo y protección y fue allí donde encontró la tranquilidad que buscaba para poder morir en paz. Pero antes de que esto ocurriese, su segunda hija, Ismene, llegó con la noticia de que Eteocles había expulsado a Polinices para convertirse en único rey de Tebas. Tenía el apoyo de Creón, que incluso dirigió a su ejército hasta Atenas para capturar a Antígona e Ismene. Después de la intervención de Teseo, Creón cambió de opinión y las dos hermanas regresaron a Tebas voluntariamente.

Polinices y sus seguidores habían iniciado una batalla contra su propia ciudad, y en un duelo con Eteocles, perdieron ambos la vida. Creón recuperó el poder y enterró a Eteocles con honores de rey, olvidándose de Polinices y dejándole a las afueras de la ciudad, toda una humillación para cualquier griego. Incluso prohibió que se le enterrase bajo pena de muerte, pero Antígona desafió al rey y arrojó tres puñados de tierra sobre su cadáver de manera simbólica. Entonces Creón la hizo arrestar y la condenó a muerte, aunque para evitar ser acusado de provocar la muerte de un pariente ordenó que se la encerrase en una cueva con comida y bebida.

Al poco tiempo, el profeta ciego Tiresias le pidió a Creón que enterrase a Polinices y liberase a Antígona, y el rey, asustado por las palabras del profeta, siguió su consejo. Al descubrir la cueva vieron que se había ahorcado, lo que provocó el suicidio de la mujer de Creón y de su hijo Hemón que, prometido en matrimonio a Antígona, había suplicado a su padre por su liberación.

La fascinación por este tema, desarrollada con brillantez por Sófocles sobre el 440 a.C, nunca ha remitido. Se trata de un drama interpretado de diversas formas, siendo una de las más conocidas la del dramaturgo francés Jean Anouilh (1910-1987) en la obra titulada Antígona.

Pero como decía al principio, adaptarán la obra y seguirá representándose en el mundo, quizás incluso se nos vengan a los ojos las lágrimas, mientras contemplamos la acción en el escenario, pero no nos damos cuenta, que, a nuestro lado, se siguen sucediendo hechos tan exactos, que sólo con cambiarle el nombre, tendríamos nuestra versión vivida de Antígona. Porque esta tragedia es diaria, padre que mata a la madre y los hijos espectadores contra su voluntad, han de decidirse por uno de los dos. Guerras donde se mata y quedan expuestos los cuerpos ante la desolada mirada, de los progenitores o de ese pequeño, que se abraza a ellos, buscando el amparo que siempre ha tenido, y ahora ellos no les hacen caso y no se mueven (y nosotros miramos para otro lado).

Hoy se estrena otra versión en el Teatro Romea de Murcia. Creo que merece la pena ir a verla y comprobar la rabiosa actualidad de una obra que se estrenó sobre el año 442 a.C. (hace ya, 2460 años)

Marjo Garel para EL HUMANISTA

Fuentes: Wikipedia y Mitos y Leyendas, mitología griega y otras.

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