jueves, 15 de marzo de 2018

Todo lo que hay fuera de mi mente... ¡me aburre!



Hace un tiempo leí dicha frase que reza en el título. Y, la verdad, me sentí identificado... por lo menos en más de una ocasión me ha sucedido y aún sucede: claro, en estos tiempos de la sobreinformación de lo insustancial, del mareo y machaque desde el binomio mental (Derecha e Iglesias) al que estamos sometidos es fácil que ocurra. Y esta desidia servida se convierte en habitual; y como lo que se repite demasiado en esta sociedad se confunde con normal: es lo que tenemos.  En realidad es habitual, pero anormal... no habría por qué aceptarlo.

La autoría de tal aforismo, verso, o simplemente, o no tan simple, reflexión -aunque evidente- es de JOHN WILMOT.

"En una ocasión, Paul Valéry escribió estas palabras sobre lo que él llamaba saborear la injusticia: "La injusticia es un agrio que restaura el gusto de la soledad, agudiza la apetencia de separación y de singularidad y abre al espíritu sus profundas sendas, las que conducen a lo único y a lo inaccesible".· Aplicado a la literatura, el aserto del poeta francés no viene sino a recordarnos la vieja imbricación existente entre creatividad e incomprensión. Y ello en un doble sentido: de una parte, está claro que, a menudo, es la actitud negativa de quienes nos rodean la que nos hace ahondar en nuestro interior en pos de una verdad o una belleza epifánicas; de otra, resulta no menos meridiano que los frutos de esa introspección, si son auténticos y radicales, tendrán fundamentalmente el efecto de incrementar nuestro ostracismo. Si no se diera este mecanismo, no habría tampoco escritores malditos, y la obra de Sade, Poe o Baudelaire estaría dotada de una placidez que la haría no sólo menos perturbadora, sino también menos iluminadora e incisiva. Nada más lejos de mi intención que felicitarme por esta relación entre literatura e injusticia, entre poesía y soledad; estoy persuadido de que la fama póstuma de un Franz Kafka supone un pobre pago a los padecimientos de su atribulada vida, y de que los críticos y eruditos que hoy celebran el talento de William Blake son herederos de aquellos otros que en su siglo lo tacharon de loco peligroso. Pero el fenómeno es tan patético como persistente."

"LA POESIA DE JOHN WILMOT, EARL OF ROCHESTER". BERND DIETZ. Universidad de La Laguna.

Amor y vida: una canción

Mi vida pasada no es ya mía,
Las horas que vuelan se han ido,
Transitorios sueños terminados,
Cuyos recuerdos son guardados
Tan solo en la memoria.

El tiempo por venir no está;
¿Y cómo habría de ser mío?
El presente es todo mi señorío;
El instante que llega y se va,
Filis, es sólo el tuyo.

Entonces no me hables de votos,
Corazones falsos o juramentos rotos;
Si, por milagro, contigo puedo estar
Estos instantes fugaces, pero ciertos,
Eso es todo lo que el Cielo nos da.


De libertino o decadente fue calificado John Wilmot, segundo Conde de Rochester ( 1647-1680), entre otras 'virtudes'.


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Pesquisado y publicado por Señor de Cascales.

El Tiempo

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