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miércoles, 21 de marzo de 2018

Un cuarto propio o la hermana ficticia de Shakespeare


El hecho de que allá por 1929 una escritora llamada Virginia Woolf se atreviese a publicar el ensayo titulado Un Cuarto Propio, en el que analizaba las dificultades de las mujeres escritoras de la época para adentrarse en el mundo de la publicación careciendo del respaldo, no ya económico, sino social y editorial para que se apostase por sus obras, es un algo que nos invita, casi noventa años después, a reflexionar sobre lo que la autora proyectaba que podía llegar a ser la literatura femenina en los tiempos venideros.

Al final del libro, Virginia lanza un mensaje que es, a la vez, una exhortación y una premonición sobre los tiempos futuros. Un mensaje claro, conciso:

“Porque yo creo que si vivimos aproximadamente otro siglo —me refiero a la vida común, que es la vida verdadera, no a las pequeñas vidas separadas que vivimos como individuos— y si cada una de nosotras tiene quinientas libras al año y una habitación propia; si nos hemos acostumbrado a la libertad y tenemos el valor de escribir exactamente lo que pensamos; si nos evadimos un poco de la sala de estar común y vemos a los seres humanos no siempre desde el punto de vista de su relación entre ellos, sino de su relación con la realidad; si además vemos el cielo, y los árboles, o lo que sea, en sí mismos; si tratamos de ver más allá del coco de Milton (…) entonces, llegará la oportunidad; y la poetisa muerta que fue la hermana de Shakespeare recobrará el cuerpo del que tan a menudo se ha despojado. Extrayendo su vida de las vidas de las desconocidas que fueron sus antepasadas y como su hermano hizo antes que ella, nacerá.”

La hermana ficticia de Shakespeare, la que, de haber nacido en el mismo seno familiar y condiciones que él, se habría visto privada de las ventajas de la educación, negándosele la posibilidad de escribir y de ser, en definitiva, una mujer diferente a la que se esperaba que fuese.

Pero ahondando en el ensayo de Un Cuarto Propio y tratando de ir un poco más allá del análisis de la literatura actual femenina, podemos ver que, más allá de la figura de la mujer como escritora y persona que puede desarrollar plena y libremente sus facultades, en el mensaje de Virginia Woolf subyace otra invitación mucho más amplia. La invitación, extensible a todo ser humano con independencia de su género o condición, a vivir la propia vida, sin sujeciones a su sexualidad o demás prejuicios sociales. Porque Un Cuarto Propio lo que viene a reivindicar es, en esencia, el derecho inalienable e intransferible de cualquier autor a tener licencia creativa y la suficiente libertad personal para profundizar en la expresión de su propio arte.

Manuela Vicente Fernández

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