viernes, 13 de abril de 2018

Adiós al viaje literario de Sergio Pitol


Sergio Pitol murió este jueves en su casa de Xalapa, México, a los 85 años. El viaje definitivo. A los 4 años se vio obligado a desplazarse por primera vez. Era 1937, los viejos todavía recordaban la Revolución Mexicana, llegaban exiliados republicanos desde España y a Sergio Pitol se le murió su padre, en su Puebla natal, y tuvo que emigrar a Veracruz. Al año siguiente se le ahogó la madre. Fue la abuela —como recordó en su discurso del Premio Cervantes de 2005— quien le contagió el gusto por la lectura y fueron los libros los que le contagiaron el gusto por la huida.

A los 16 se fue a estudiar a Ciudad de México y después de licenciarse comenzó a viajar. “Salvo Tiempo cercado, todos mis libros fueron escritos durante veintiocho años en el extranjero”, escribió en Una autobiografía soterrada. De todos los hombres que fue Sergio Pitol el que explica a todos los demás es el viajero. El autor de El arte de la fuga y Tríptico de carnaval, el traductor de Joseph Conrad y Witold Gombrowicz, el diplomático en París, Varsovia o Praga y el maestro en tantas cátedras fugaces no se pueden entender sin su nomadismo físico y, sobre todo, mental.

Un escritor siempre es el resultado de la combinación de sus lecturas y las suyas fueron globales, omnívoras, realmente cosmopolitas. De ellas supo destilar una poética de la libertad que se expresó en una prosa personal y absolutamente contemporánea, transfronteriza. Un modelo para la generación posterior, la de Juan Villoro, uno de sus amigos y discípulos, defensor como él de los ornitorrincos de la literatura.

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