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domingo, 8 de abril de 2018

El misterio de la cabeza cercenada de una momia


En 1915, un equipo de arqueólogos estadounidenses que excavaban la antigua necrópolis egipcia de Deir el Bersha se toparon con una tumba oculta. En la compacta cámara los recibió una imagen espantosa: la cabeza cercenada de una momia sobre un ataúd de cedro.

La habitación, que los investigadores nombraron tumba 10A, fue el lugar de descanso de los restos de un gobernador llamado Djehutynakht (se pronuncia [yu-ju-tu-nokt]) y su esposa. En algún momento de la siesta de cuatro mil años de la pareja, unos saqueadores de tumbas entraron a su cámara funeraria y se llevaron oro y joyas. Los ladrones dejaron un torso momificado, decapitado y sin extremidades en una esquina antes de tratar de prenderle fuego a la habitación para cubrir sus huellas.

Los arqueólogos pudieron recuperar ataúdes pintados y figuras de madera que sobrevivieron al saqueo y los enviaron al Museo de Bellas Artes de Boston en 1921. La mayor parte de la colección estuvo almacenada hasta 2009, cuando el museo expuso los objetos. Aunque el torso se quedó en Egipto, la cabeza cercenada se convirtió en la estrella de la exposición, con sus cejas pintadas, expresión sombría y el cabello castaño y ondulado que salía de los vendajes desgastados.

“Habían encontrado la cabeza en el ataúd del gobernador, pero jamás supimos con seguridad si era la cabeza de él o de su esposa”, dijo Rita Freed, una curadora del museo.

El personal del museo concluyó que solo una prueba de ADN determinaría si en la exposición estaba Djehutynakht o su esposa.

“El problema era que en 2009 no había un método exitoso para extraerle ADN a una momia de 4000 años de antigüedad”, comentó Freed.

Para resolver el caso, el museo recurrió al FBI.

La agencia de investigaciones estadounidense jamás había trabajado con un espécimen tan antiguo. Si sus científicos podían extraer material genético de la momia de 4000 años, añadirían una poderosa técnica de extracción de ADN a su arsenal forense y también descubrirían una nueva manera de descifrar el pasado del antiguo Egipto.

“Honestamente, no esperaba que funcionara porque en ese entonces se creía que no era posible obtener ADN de restos egipcios antiguos”, dijo Odile Loreille, científica forense del FBI. Sin embargo, en una publicación de marzo en la revista Genes, Loreille y sus colegas reportaron que habían extraído ADN de la cabeza. Después de más de un siglo de incertidumbre, el misterio de la identidad de la momia estaba por resolverse.

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