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domingo, 22 de abril de 2018

María Teresa León I de II




Biografía



Nacida en Logroño el 31/10 1903; Fallecida en Madrid el 13/12/1988. Escritora y, en palabras de su hija Aitana, la luchadora «por unos ideales políticos que mantuvo diáfanos hasta las avanzadillas de la muerte». Se formó en Madrid entre los libros de su tío Ramón Menéndez Pidal, que no dudó en ofrecer a una joven ávida de saber toda su biblioteca. «Todos los libros fueron para ella», y sobre todo la influencia de su tía María, que había sido una de las primeras mujeres españolas en obtener un doctorado en Filosofía y Letras. Fue una adolescente que en más de una ocasión escapó del Sagrado Corazón, donde estudiaba muy a su pesar. De nada sirvieron sus súplicas para ir a la Institución Libre de Enseñanza, sus padres nunca la cambiaron de colegio y allí, en esas aulas de encorsetada educación religiosa, escandalizaba a las monjas por sus lecturas. A los catorce años los padres decidieron trasladarse a Burgos, Madrid ofrecía demasiados estímulos para aquella joven inconformista que, con dieciséis años, se enamoró de quien sería su primer marido y padre de sus dos hijos, Gonzalo de Sebastián Alfaro; En esta época publicó artículos en el Diario de Burgos bajo el seudónimo Isabel Inghirami. El escándalo era demasiado grande para la provincial ciudad burgalesa y la pareja fue obligada a trasladarse a Barcelona.



En 1929 conoce a Rafael Alberti, que por entonces salía con la pintora Maruja Mallo y a quien pronto dejó por María Teresa; esta rompe su matrimonio, para marcharse con el poeta a Mallorca, con quien se casa en 1932. Junto con él, participó en la fundación de la revista Octubre, en la que publicará su obra Huelga en el puerto.

Integró la Alianza de Intelectuales Antifascistas y durante la Guerra Civil, cuando hubo que cerrar el teatro de la Zarzuela, fue ella quien propuso trasladar los escenarios hasta la misma línea de fuego. En noviembre de 1936, el presidente Largo Caballero, la nombro responsable de la evacuación de las obras de arte, primero de El Escorial y, posteriormente, de El Prado.

Pocos meses después, se celebró el II Congreso Internacional de Intelectuales Antifascistas, donde se reunieron sesenta y seis delegados de más de treinta países de América y Europa. Lejos del frente, el edificio de la Alianza se convirtió para los intelectuales allí reunidos en «un paraíso a la sombra de las espadas», esas espadas que, sin embargo, sí empuñaba Miguel Hernández, quien no dudó en levantar su voz contra aquella acomodada oposición al fascismo: «Aquí hay mucha puta y mucho hijo de puta», gritó Hernández dirigiéndose a Alberti escribiendo con letras visibles esa frase en una pizarra. Recibió una bofetada el poeta de Orihuela, como la que daría pocos días antes de morir María Teresa a Alberti, que obligado por sus amigos decidió ir a visitar a su mujer en la residencia en la que estaba internada. La escritora vivió con pesar la muerte del joven poeta y con sentimiento de culpa por el abandono que tanto ella como Alberti le dispensaron, tal y como relata en sus diarios el diplomático chileno Carlos Morla Lynch. «Recuerdo que Miguel Hernández apenas contestó a nuestro abrazo cuando nos separamos en Madrid», escribe María Teresa, «le habíamos llamado para explicarle nuestra conversación con Carlos Morla, encargado de negocios de Chile. Miguel se ensombreció al oírlo, acentuó su cara cerrada y respondió: “Yo no me refugiaré jamás en una embajada […] ¿Y vosotros?”, nos preguntó. “Nosotros tampoco. Nos exiliaremos. Nos vamos a Elda con Hidalgo de Cisneros”. Miguel dio un portazo y desapareció».

Con el final de la guerra y la derrota republicana se exilia, en un primer momento a Orán, a Francia, luego a Argentina e incluso a Italia.

“Huyendo de España en 1939, aterrizan Orán, y, comenta Ferris recordando cómo, “nada más llegar a Orán confundieron a María Teresa con la propia Pasionaria, Ibárruri era para ella un referente, un modelo que la distanciaba ya por entonces del «comunista del salón» en el que, en palabras de Juan Ramón Jiménez, se había convertido Alberti y que seguramente, si hubiera sido consciente, la habría distanciado una vez más de Alberti que aceptaba, comunista él, ser recibido por los reyes: «¡Ay Rafael, Rafael/ ¿Por qué fuiste a la embajada/ a regalarle a la espada/ tu clavel?», le escribiría por entonces José Bergamín.

Marjo Garel para El Humanista

Fuentes: Jot Down; Cervantes Virtual y otros.

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