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domingo, 27 de mayo de 2018

Mujeres en la Historia convertidas en hombres

Catalina de Erauso. Finales del siglo XVI

Sobre el mito de la transexualidad, si no exactamente, ya en tiempos inmemoriales sobre el recurrente asunto -a través de la leyenda- de la transformación de la mujer en hombre. Léase el siguiente texto, recoge distintos pasajes de la historia que refieren a este manido tema:

Bernardo: Averiguado es que no ay menos differencias en la mar de pescados que en la tierra ay de animales, y de aves en el ayre; y assí, no nos devemos de maravillar de que aya algunos tan semejantes y parescidos a los hombres como los que havéys dicho. Y aunque nos havemos detenido en la buena conversación, una sola dubda me queda de lo que toca a los hombres, la qual quiero que me digáys antes que nos vamos, y ésta es que he oýdo dezir que ha havido en los tiempos antiguos algunas mugeres que después se han convertido en hombre, y házeseme tan difficultoso de creer que la naturaleza haga una novedad como ésta, que pienso ser fábula, como lo que cuentan de Tiresias, aquel adivino que uvo en Tebas.

Antonio: Pues no os maravilléys tanto dello, que lo que de ésse se dize por cosa fingida y mentirosa, possible fue que fuesse muy cierta en el mundo conforme a otras que se cuentan y tienen, sin ninguna dubda por verdaderas. Y para esto ved a Plinio en el capít. quarto del séptimo libro, donde dize estas palabras: "No es cosa fabulosa tornarse las mugeres hombres, que hallamos en los libros de los Anales que siendo cónsules Publio Licinio Crasso y Cayo Casio Longino, un mochacho, hijo de Casino, de muger haverse convertido en varón, el qual, por mandado de los agoreros, fue llevado y echado en una isla desierta". Y Licinio Muciano affirma que vio en Argos un hombre llamado Aresconte que, haviendo sido primero muger, se llamava Arescusa, y que haviéndosele mudado el sexo feminil en varón, le nasció la barba y se casó con una muger; y que de la mesma manera vio otro mochacho en la ciudad de Esmirna. Y más adelante torna a dezir: "Y yo mesmo vi en África a Lucio Cosicio, ciudadano de Triditania, el día mesmo que se casava, siendo muger, tornarse en hombre". Y no es solo Plinio auctor de esta maravillosa novedad, porque también Pontano, autor no poco grave, dize que una muger de la ciudad de Gaeta, haviendo estado casada con un pescador xiiii. años, se bolvió en varón; y que otra muger llamada Emilia, que estava casada con uno que se llamava Antonio Spesa, ciudadano ebulano, después de estar con su marido doze años, bolviéndose hombre, se casó con otra muger y tuvo hijos della. Otra cosa cuenta el mesmo auctor, más maravillosa que ninguna de las passadas, y es que uvo otra muger que, después de haver estado casada y parido un hijo, se convertió en hombre, y se casó con otra muger y tuvo hijos della. Y porque éstas son cosas antiguas, y no se puede dezir que alargamos los testigos, quiero que sepáys lo que cuenta el doctor Amato, médico no poco estimado en Portogal. El qual, en una obra de medicina que hizo, dize que en un lugar que se llama Esgueira, el qual está distante de la ciudad de Coimbra nueve leguas, vivía un cavallero que tenía una hija llamada María Pacheco, y que esta donzella, viniendo a la hedad en que le havía de baxar su costumbre, en lugar della le nasció, o salió de dentro si estava escondido, el miembro viril, y assí, de hembra se convertió en varón, y le vistieron luego en hábito de hombre, mudándole el nombre, y llamándole Manuel Pacheco, el qual passó en la India oriental, y bolviendo de allá muy rico y con fama de un cavallero muy estimado por su persona, se casó con una muger principal. Si tuvo hijos o no, dize que no lo supo, pero que vio que nunca le havía nascido barba, sino que tenía el gesto mugeril. Y los que no quisieren dar crédito a las cosas que tengo dichas, ni a los auctores de ellas, vean lo que escrive Ypócrates, que por todos es llamado "Evangelista de los médicos", cuyas palabras en el sexto De morbis popularibus son éstas: "En la ciudad de Abderis, Phetusa, muger de Piteo, en el primero tiempo de su hedad aparejada era para parir, y como su marido se fuesse de allí desterrado, estuvo muchos meses que no le baxó su costumbre, lo qual fue causa de que le viniessen muy grandes dolores en los miembros; y como estas cosas acaesciessen, luego se le hizo el cuerpo de varón, todo velloso, y le nasció la barba, y la boz se le hizo áspera. Y esto mesmo acaesció también en Taso a Anamisia, muger de Gorgipo".


Extraído de la obra "Jardín de flores curiosas", escrito por D. Antonio de Torquemada; publicado en 1569.

História | Pesquisado y publicado por Señor de Cascales

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